“Street Horrrsing”, Fuck Buttons.

 

Hola de nuevo. Después de vidas teniendo este blog más abandonado que la vida, retomo la actividad para hablaros de “Street Horrrsing”, discazo con el que Fuck Buttons debutó allá por el año 2008.

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El disco está compuesto por seis cortes ciertamente unidos entre sí, que podrían llegar a ser interpretados como una única pieza de unos 50 minutos repleta de sonidos que se estiran progresivamente hasta una saturación colmada frecuentemente por el uso de voces distorsionadas.

Así, desde el temazo que es “Sweet love for planet Earth” hasta el cierre con “Colours move” nos encontramos con una experiencia sonora digna de los oídos más exigentes. “Ribs out” es un tema que directamente acojona, hablando así de todo un poco, el rollo tribal de fondo de “Ok, let’s talk about magic” me sulimera y me parece superior la forma en la que recuperan esa atmósfera preciosista del comienzo de “Sweet love for planet earth” en “Race you to my bedroom/Spirit Rise”. Más superior todavía, la forma en la que compaginan ambas cosas en “Colours move”, perfecto colofón para un disco redondo, redondo.

“Bright tomorrow” es otro puto temazo y punto.

Fuck Buttons, pa ti, pa tu cuerpo.

Fuck Buttons, pa ti, pa tu cuerpo.

 P.D. He recomendado este disco de Fuck Buttons, por aquello de ser el primero y el que tengo más oído (y que objetivamente, me parece que tiene un desarrollo más sólido y coherente), pero no os comáis de vista ni “Tarot Sport” (2009) ni sobre todo “Slow Focus” (2013), discaco recísimo también donde podéis encontrar temazos como éste.

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“Cendre”, Fennesz + Sakamoto.

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“Tuvo que comunicárselo tantas veces que a su cabeza vino el pensamiento: ¿por qué no ponerle un nombre? Lo cierto y verdad es que la frecuencia da lugar a la familiaridad. No importa cuán cenagosa sea la estancia, no importa que el liquen acumulado no te deje ver la televisión. Ni el exterior. Se hacen mapas de los territorios más desolados, de los más repletos de nada.

Así, prosiguió pensando en el nombre que pondría a tan esperpéntica criatura. Lánguida y pajiza, pero poderosa. “Languidez” era un nombre que no le desagrada, en realidad. Quizás porque daba buena cuenta de la realidad de aquellos días (o aquellos meses, o aquellos años, o aquella vida. Según se mire) y de su propia realidad, saco de huesos recorriendo, cuando tocaba, las profundidades de lo-que-no-se-puede-nombrar.

La falta de especificidad era el principal problema con el que se encontraba: “Días de mierda”, “bajón”, “asquerosidad recalcitrante nuclear”. ¿Qué -se- estaba intentado transmitir? La falta de especificidad es la falta de palabra, es la falta de límite, la falta de contorno, de control-no. De control.

Quizás no estaba esgrimiendo la espada adecuada, intentando cortar, muy en vano, un aire denso que apenas ya le dejaba ver. Toda la vida poniendo nombres a las cosas. Porque sí. “Porque me sale de los cojones”. Cuadriculando episodios, ofreciendo informes que de detallados en palabras y números daban vértigo. Intentando filtrar la vida a través de un rasero que ya había reconocido su incapacidad, su derrota.

Así, súbitamente se encontró con la jodienda de tener que ser “alguien más” para conseguir rescatarse a sí mismo de ¿cómo lo llamaría entonces? Al igual que las pastillas que para curar una enfermedad te producen otras diecisiete, o de las sesiones de quimio que te pudren el cuerpo para -intentar- arrancarte un cáncer, esta dolencia existencial requería de un grado mayor de enfermedad mental. Al menos de un tipo diferente. La esquizofrenia programada contra la neurosis.

Al rato vio una señora, a lo lejos. Estaba sentada en su balcón haciendo nada. Ni siquiera tomando el sol, porque estaba nublado. Le sorprendió el hecho tener acceso visual “a lo lejos”. Se sentía envuelto por una bolsa amniótica que limitaba su visión, su vista, su olfato; su (des)esperanza. Intentó acercarse a ella mentalmente, como si el aire que mediaba entre las dos pudiese ser recorrido cual acera de gran ciudad. La alcanzó, y sus decrépitos labios vomitaron lentamente, con una voz desolada:

‘Todo el tiempo estuviste acariciando(te) a la persona equivocada’.

En ese instante, justo en ese preciso instante, una tristeza infinita le recorrió el cuerpo, al caer en la cuenta de que el verano había terminado.”

“Una joven en crepuscular”,  Jorge Bisueja Gáñez.

“Mini Mansions”, Mini Mansions.

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El  disco que os presento hoy se llama “Mini Mansions” (2010), Ep homónimo del trío formado por Tyler Parkford, Zach Dawes y Michael Shuman. Éste último aprovechó el parón que se dio Queens of the stone age (grupo del que forma parte como bajista) tras la grabación de “Era Vulgaris” (2007) para dedicarle tiempo a este provecho y sacar esta joyica.

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Amigos de la buena música y de los animales. ¿Qué más se puede pedir?

Yo resumiría el estilo general del disco como música de cabaret oscuro, como si “Abierto hasta al amanecer” hubiera sido rodada en un ambiente decimonónico. Decimonónico y rockero. En el disco hay rabia, hay nostalgia, melancolía,; hay oscuridad, a grandes rasgos. Ya os decía.

A veces también recuerdan a The Beatles (Sí. Acabo de decir lo que acabo de decir) en lo currado de las segundas -y terceras- voces. Jugando con otra comparación, es como como si The Beatles no hubieran sucumbido al “poder del Amor universal”; “Mini Mansions” es una barricada enfrente del allyouneedislovismo hecha disco.

Pero venga, al lío.

El disco abre con “Vignette #1”, tema que, junto dos reapariciones en el disco ligeramente modificadas (“Vignette #2” y “Vignette #3”) dota al disco de una continuidad y una estructura muy maja. Ahí va lo que os comentaba, ese rollo de cuenta cuentos macabro sacado directamente de “Carnivale”.

El segundo corte es “The room outside”. Para mí, el mejor tema del disco. Sí, el piano del comienzo es súper efectista, ¿y qué? La melodía es buena, las voces están bien tejidas en el conjunto y el tema tiene sus partes bien diferenciadas lo que dota de mayor dinamismo a la composición (qué lengua tengo, hoyga). Además, me encanta ese piano. He dicho.

Luego vienen “Crime of the season” que, aunque es más normalilla, también tiene su aquel y “Monk”, temazo donde los haya acompañado de un muy buen vídeo también (¿veis al muñequico ese? Ésa es la mierda macabro-bizarra a la que me refería). Aunque ésta última canción puede resultar un poco repetitiva e incluso tiene estribillo (Hola, Víctor Rocamora) me parece que, en cierto modo, esa es su gracia. Me debo a mí mismo una paja mental acerca de la capilaridad de los fenómenos de apreciación estética en el pop y/o rock desde principios de los 2.000’s.

Shuman. Patos. Shutos.

Shuman. Patos. Shutos.

Otro de los temas que me enamoran el alma, me la enamoran, es “Kiddie Hypnogogia”. Otro piano efectista que me llega a las entrañas. Nota mental: ¿tendré algún tipo de predisposición estética a este tipo de instrumentos y/o de melodías? Aluego me lo miro. Muy buen tema, un principio precioso, un desarrollo ligero y un final que cambia bastante la tónica de la canción, recordándonos las Vignettes. De éste tema también merece la pena verse el vídeo de la niña-calamar-succionapintura. Todo un espectáculo.

El último tema que me merece mención es “Thriller Escapade”. Aunque no entiendo un carajo lo que dicen, seguro que es una canción hiper-bajonera. Salta a la vista. Pero bueno, pa terminar el disco tampoco está mal.

El resto de canciones, ya sabéis: a mí más bien ni fu ni fa. Quiero decir, que no son malas, pero que parecen de segunda división. Y con esta distinción cutre y gratuita pasamos a la siguiente fase.

Mencionable es también el set que los amigos Shuman-Dawes-Parkford se llevan para dar los conciertos. Pianos, guitarras y bajos y un set de batería compuesto por un timbal base tocado a modo de bombo, una caja, un charles y un platillo a malas penas. El amigo Shuman da buena cuenta de él, os lo aseguro.

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El set en cuestión.

Y con esto y un bizcocho os dejamos con el disco en cuestión por si os apetece echarle un ojo.

¡A disfrutar, perrxs!

 

“Iradelphic”, Clark.

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Portadica guaper donde las haya, también.

¡TOL  MUNDO A ESCUCHARSE ESTE DISCO, HOSTIAPIJOENDIOSYA! Veenga, vaa, algo más serio.

“Iradelphic” es un peaso de discaco publicado por Clark el año pasado. En realidad sigo tan impresionado por la calidad del disco que me sale todo el rato decir: “Pff, ¡too much! ¡hay que escucharlo, y punto!”. “Pues no escribas si no tienes nada que decir”, TE CALLAS, interlocutor fantasma proyectado por mí. Es mi blog y escribo lo que quiero.

Decir que “Clark hace electrónica” es hacerle un muy flaco favor a la amalgama de estilos que maneja. Todos buenos. Entre las canciones que componen este disco podemos encontrar guiños al progresivo, mucha guitarra acústica, voces susurrantes, pianacos, etc.

"Chicxs, éste es Clark. ¡Hola, Clark!"

“Chicxs, éste es Clark. ¡Hola, Clark!”

Sin desmerecer ninguna de ellas, me quedo especialmente (y de momento) con “Tooth moves” y sobre todo con “Open”. Esa guitarra, esas voces graves y agudas superpuestas repitiendo hasta la saciedad la misma frase (que, por cierto, no tengo ni idea de qué hostias dice, pero bueno. Falta que diga algo así como “comer carne mola mil” o “matar negros es guay”. ADV). Me sulimeran.

Y por supuesto ese pedazo temazo -y videazo- a través del que conocí el disco. Éste es “Black stone”, y si no habéis visto el vídeo, estáis tardando en poneros un petardo en el ojete dirección youtube (o vimeo, al poder ser) para verlo y apreciar la sensibilidad que maneja el colega. Y la peña de “Warp”, que hace na más que mierda. Por los cojones.

Pues eso: ¡TOL MUNDO A ESCUCHARSE ESTE DISCAZO!

P.D. Especial mención a Eli y Diskolo, mis colegas de la “productora”, que me recomendaron a este zagal a través de su pedazo de blog, donde solo hay música guaper, y vídeos mejores. Razón aquí.

“Houdini”, Melvins.

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El disco que hoy tenemos entre manos es “Houdini” de Melvins. Para quien no los conozca, Melvins es un grupo formado a comienzos de los años ochenta en Seattle. ¿Habéis escuchado “Bleach” de Nirvana? Pues ése es el sonido Melvins, pero con mucha más contundencia (comparar a Chad Channing con Dale Crover. Por dios…) y oscuridad.

El grupo estaba compuesto por Buzz Osborne y Dale Crover. Luego habían bajistas al azar y en noséqué momento de su historia comenzaron a tocar con dos baterías. Como veis, estoy perfectamente bien documentado.

Buzz Osborne: un pelo totalmente autojustificado estéticamente.

De Crover cabe decir que, junto con Bonham, marcó el estilo de uno de los mejores baterías de la historia del rock (Hola, grandilocuencia gratuita): ni más ni menos que el chache Dave Grohl. De Osborne, que tenía un pelo que molaba mucho.

Por continuar con la relación Melvins-Nirvana, mencionar que los primeros (al menos Buzz OSborne, cantante, guitarra y frontman de la banda) tuvieron un papel muy importante a la hora de poner en contacto a Cobain y Novoselic con quien sería su batería definitivo, con quien conformarían ese pedazo de sólido bloque que fueron los Nirvana de “Nevermind” en adelante.

Oscuridad y potencia mencionadas que bien les valieron motes como “los abuelos del doom metal”. O los padres, o lo que sea. Para lo que importa, sentaron las bases para el posterior desarrollo de un sonido pesado, grave, con muy poca floritura, pero aún así rico compositivamente. En su estela nos encontraríamos luego con grupos como Om, Sleep o incluso Kyuss.

“Houdini” es un disco publicado en 1993. Con el rock americano (e internacional, en general) de resaca nevermindiana  (“Nevermind “ había sido publicado un par de años antes) todavía aparece este pepino de 13 cortes.

El disco está repleto de guitarras, bajos y baterías muy pesadas. Y con muy pesadas quiero decir muy pesadas. No hay más que echar un oído al bajo con el que entra “Night goat”, el segundo corte, para saber a qué me estoy refiriendo. O incluso la tónica general de “Hooch”, tema que abre el disco, en el que el peso armónico recae casi por completo en la voz de Osborne recorriendo unas guitarras machaconísimas.

“Lizzy”, sin embargo, nos descubre la influencia grunge más canónica de la banda, ofreciendo un contraste muy bueno a lo que andábamos comentando con ese riff limpio y bastante más agudo de guitarra. Hasta que llega “Hag me” y lo hace “to polvo”. Pero to. Alabadxs sean aquellxs que se han dado cuenta y consecuentemente han explotado el acople de las guitarras como elemento compositivo fundamental. Eso es lo que encontramos  en “Hag me”, canción que se desarrolla más en lo que queda de las notas que fueron que en lo que son las notas en sí mismas.

Luego está “Honey bucket”, que es como el temazo del disco, que a mí me trae buenísimos recuerdos de cuando tenía apenas dieciséis años y me pasaba las noches en vela esperando que echaran programas de rock para grabarme cintas en VHS con los vídeos que me gustaran. Melvins incluidos.

También es de destacar “Going blind”  o cómo Melvins supieron estar en la cabeza de Kiss para saber mejor que ellos como era realmente ese tema que ellos mismos habían compuesto. Esas cosas me fascinan.  Muy Melvins todo: tempo bajado y distorsión hasta las cejas. Y buenas noches.

Aunque no hay tema malo, a mí el que me encanta es “Pearl bomb”. La incertidumbre de ese comienzo en el que no sabes si tu disco está rallado o la canción es que es así durante treinta segundos, hasta que entra el bajo confirmándote lo segundo.

Y si el disco no era lo suficientemente bueno por sí mismo, van los muy hijos del troll y en 2005 publican “Houdini live: a history of gluttony and lust”. Como bien indica el nombre el disco incluye todos los temas de “Houdini” interpretados en directo, con un sonido brutal y un Dale Crover pletórico dándole una renovada fuerza a los temas con una muy buena pegada.

“Una historia de gula y lujuria”. Casi na.

Especial mención a la versión de “Night goat”. El tempo es muchísimo más lento que en la versión de estudio, el bajo está infinitamente más distorsionado y de entrada emplean un sonido acoplado de guitarra que no se pierde hasta casi los tres minutos de canción. O cómo mejorar una canción que parecía inmejorable retorciendo la propia esencia de la misma.

Para terminar, y como hice en la anterior ocasión, os animo a escuchar el resto de canciones que no he mencionado. De hecho, de eso se trata realmente, de escucharse los discos “de pe a pa”.

Ale.

“Soft Airplane”, Chad VanGaalen.

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Lo que viene siendo la portada.

Soy una enamorá de los falsetes. De siempre, en realidad. O de lxs cantantes que tienen un tono agudo simplemente (intentad no pensar en un rollo heavy pastoso, al poder ser).

Tanto me gustan los falsetes que he traicionao el único  criterio de publicación que me había impuesto, lo cual demuestra el nivel de disciplina al que puedo aspirar. Que es cero, para las poco perspicaces. Voy a ser un poco más transigente con los disquicos que vaya poniendo por aquí, en resumidas cuentas. ¿Qué le voy a hacer? Estoy imbuido de una inclusividad desbordante con todas las criaturas de Dios. Ríete tú de Passi Saukonen.

El disco que os voy a presentar en esta ocasión es “Soft Airplane” (2008), del bueno de Chad VanGaalen. Éste disco de folk-rock-cosasalazar (lo siento, soy muy malo poniendo etiquetas de momento) recoge una combinación de claros-oscuros impresionante, siendo ésta quizás su principal baza, a saber, una versatilidad compositiva impresionante.

Chad y su banda nos dan una bienvenida más que amable con el primer corte, “Willow tree”. Un prado, sol, un árbol con buena sombra. Un banjo aderezado con una marimba a malas penas. “¿Pa qué quieres más?”. Una sensación que recuperamos con “Cries of the dead” o “Inside the molecules”, aunque ésta última tiene mucho más garajeo y bastante más de “Baby since I met you” que a mí, sinceramente, me da bastante perezuco.

Pero luego pasa lo que pasa, que te vuelves de tú diica de introspección campestre y se te pone el cuerpo urbanita. Te apetece oscuridad, pero una oscuridad apacible, de éstas que vienen aderezadas con un montón de brillos, de destellos de “cosas”. Cuando te vas a dar cuenta estás tú, tu cañeja, las luces de la ciudad y “Bones of man”. Adoro esa marimba.

También os digo, que a estos chicos les va el rollo más movidete. Desde las guitarras pesadas de “Bare foot on wet griptape” hasta el punto bailongo de “TMNT Mask”; o el bizarreo preciosista de “Phantom Antihills”. Aquí no hay límite que valga. Por valer, vale hasta ponerse melancólica.

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“Shell find you and she’ll kill you”, amigo.

Y eso el primo Chad lo hace a la perfección. La emotividad de “Molten light” y “Old man + The sea” es impepinable. La primera, poco más que un susurro que te taladrea el cráneo con un “She’ll find you and she’ll kill you” como esqueleto principal, sostenido por una guitarras austeras, pero muy acertadas.  Y luego está “Rabid bits of time”, que es otra cosa, directamente. Apenas comenzada la canción una voz susurrante te dice al oído: “You’ve been dead for years, but you never knew”. A partir de ahí, lo que queda es desarmarse ante tan hermosa canción que, para mí, concluye (concluiría, se entienda, porque en realidad no es el último corte del disco) este discazo.

Por seguir alimentando la heterodoxia, diré que el resto de canciones (que creo que son un par de ellas) apenas las he escuchado, lo cual demuestra la absoluta subjetividad de mis comentarios. Si están bien no tardéis en decírmelo.

Por último, recordaros que lo verdaderamente interesante es escuchar el disco, aunque ver las paridas que yo pueda escribir pues no está del todo mal. Supongo.

Paz.

 

Hola.

Zagalas, zagales, melómanas y no, a continuación os presento éste, mi primer blog (¡wo!). Mezcla de un narcisismo galopante y un afán educador sin parangón surge “Epésdepeapa”, una antología de discos que considero que merecen la pena de forma completa (“de pe a pa”, vamos).

Aquí no hay lugar para ese típico disco ñordo pero con pretensiones que tiene un temazo casi caducaco al mismo tiempo de ser lanzado y luego el resto es morralla de la buena. Ésta es el hogar de ese disco repleto de buenas canciones, de ese otro disco ecualizado con un gusto supremo, o que recoge a lo largo de sus temas un concepto y/o narración que salvan al conjunto de una desfragmentación posmoderna “Life-is-so-tragic-on-the-dancefloor”.

Splendour Studio

Mis referencias serán amplias en lo abstracto y limitadas en lo concreto, es decir, que de entrada no pretendo ofrecer reseñas de un estilo o época musical concreta, pero a la hora de la verdad, me he dedicado a escuchar más unos estilos musicales que otros, por lo que al final se notará. Desde los 60’s a la actualidad, pasando por la psicodelia, el rock progresivo, el mathrock, el punk, el hard-rock, algo de pop, etc.

Nada más. Espero que os guste, que no os parezca un coñazo aunque, para seros sincero, voy a disfrutar igualmente lo hagáis o no.

P.D. Próximamente, una entrada de verdad.